jueves, 29 de enero de 2015

CELEBRANDO LA DIVERSIDAD

A la manera de los fractales, el equipo de trabajo recrea la estructura del equipo interno de cada uno, con sus conflictos y su complementariedad. Es por eso que aquel que puede gerenciar su equipo interno será un miembro valioso para su equipo, ya que estará habituado a sostener las contradicciones y a resolverlas creativamente.
Las ventajas competitivas de cada uno surgen de lo diferente, y con frecuencia tienen más que ver con lo personal que con las competencias profesionales.

Los individuos originales forman mejores equipos, cuando cada uno es en sí una totalidad y a su vez pertenece a la Red más amplia del grupo y la empresa.
El Pensamiento en Red reconoce la complejidad como riqueza de las personas y los grupos, y trata de reducir el riesgo de mutilarla a través de la simplificación. Además, cuando alguien se reconoce como único, se hace más generoso y receptivo para la diversidad de otros. Y si la coherencia genera el crecimiento lineal, las diferencias permitirán un crecimiento exponencial.
El gran desafío de una organización en Red radicará en ser capaz de sostener un contrapunto entre el denominador común indispensable a todos y la heterogeneidad de su gente. Y quizás el mínimo denominador no sea ni más ni menos que su sistema de valores.



Libro: "Pensamiento en Red"
• Apple iBookstore: https://itunes.apple.com/…/…/pensamiento-en-red/id765713786…
• KoboBooks: http://www.kobobooks.com/…/book-hx6RQDb6lEiH1VFh…/page1.html


jueves, 15 de enero de 2015

EXISTENCIA Y CREATIVIDAD

El sentimiento de existir está ligado al ejercicio de la creatividad, ya que solo la oportunidad de funcionar creativamente nos brinda el sentimiento de estar vivos. Cuando este impulso no existe o se ha perdido, surgen el vacío y la sensación de que la vida no tiene sentido.



Ante la dificultad de sentirse existir, la alternativa será vivir reaccionando; pero reaccionar interrumpe el existir y aniquila el desarrollo de la persona. En estos casos, la imaginación está empobrecida y en su lugar observamos una compulsión a hacer cosas concretas y una necesidad permanente de estímulos externos.



A veces, estas personas parecen “prometedoras”, y hasta pueden alcanzar grandes logros. Sin embargo, en las relaciones afectivas, en aquellas situaciones en las que hace falta una persona integral, comienzan a fallar. Fracasarán probablemente en la relación con los hijos, en la intimidad afectiva y en las facetas de su trabajo que precisan de la espontaneidad y la creatividad.



Pueden ser mentes brillantes pero desconectadas del cuerpo y las emociones, delineando un perfil reconocible: pensamiento lineal, desconexión de los afectos, frecuentemente acompañada de trastornos psicosomáticos.



Esto los hace más vulnerables al estrés, originado en una relación permanente y agotadora con los estímulos, con pérdida de la posibilidad de conectarse consigo mismos.



Estas personas viven con la amenaza permanente del propio derrumbe, que a veces puede concretarse en la realidad. El mundo observa logros en una personalidad exitosa, y puede resultarle difícil creer en el real sufrimiento de ese individuo, que se siente más falso cuanto más triunfa. La sensación de impostura es permanente, así como la vivencia de la propia vulnerabilidad.



Algunas personas que fueron creativas en distintos momentos de su vida perdieron esta posibilidad. Ciertas experiencias, o las exigencias y limitaciones impuestas por la realidad social o laboral, pueden ser la causa de esta devastación. Son personas que padecen un intenso sufrimiento al recordar y añorar aquella capacidad perdida.

Sin embargo, la creatividad, aun dañada o reprimida, nunca es destruida totalmente, sino que se mantiene escondida.



viernes, 9 de enero de 2015

SER, HACER, TENER Y LOS CAMINOS DEL ÉXITO

Cuando estamos integrados y no fragmentados en diferentes roles, hay una continuidad entre lo que somos y lo que hacemos, y el hacer deriva naturalmente del Ser. En esos estados, todo lo que hacemos nos hace crecer como personas totales.

Por el contrario, cuando hacemos compulsivamente como forma de huir de nosotros mismos o de demostrar lo que no somos, nos vamos empobreciendo y perdiendo el sentido de realidad de nuestra vida.

La persona integrada se siente libre, autónoma, responsable y confiada en su capacidad de aportar algo al mundo que lo rodea. En cambio, cuando representamos un rol, nos sentimos a la vez vulnerables y prisioneros.

El adulto sano es capaz de hacerse cargo de sus pensamientos, actos y decisiones, de reconocer sus logros y de aceptar las consecuencias de sus errores y fracasos, sin necesidad de depositar en los otros sus aspectos idealizados o desvalorizados. También dispone de la capacidad de jugar y el humor como espacio mental y verbal en que la persona se siente libre y es capaz de transmitir esa libertad a los que lo rodean.

A su vez, el Ser integrado también se relaciona de un modo especial con el tener. Cuando la autoestima se sostiene en variadas fuentes de su propia historia, saberes y experiencias, los logros no son simples disfraces, títulos o trofeos, sino auténticos derivados de la persona total. El éxito vacío, en cambio, como un globo inflado, es siempre angustiante, ya que nos hace sentir amenazados ante la menor crítica o error.

Existen muchos momentos en la vida en que recortamos alguna faceta de nuestra personalidad en busca de un objetivo lineal. El machismo de los varoncitos de diez años, por ejemplo, proviene de la necesidad de remarcar los rasgos varoniles con el fin de asegurarse una identidad masculina. Se burlan de las nenas y si tocan una muñeca, lo hacen con evidente desprecio o como si tuvieran miedo de contagiarse de algo. Pero luego de la adolescencia, su masculinidad solo será completa si logran reincorporar aquellos aspectos de los que renegaron. Eso los hará mejores amantes y padres. Pero también más sensibles, creativos y empáticos.

Del mismo modo, a veces renunciamos a nuestra parte más informal o bohemia para asumir un trabajo de gran responsabilidad y exigencia. Y, al pasar el tiempo, descubrimos que estamos atascados, sin poder seguir avanzando en nuestro desarrollo, justamente porque nos faltan la fantasía, la informalidad, la libertad de improvisar. La pauta de fragmentación nos aleja de nuestros recursos genuinos.

A lo largo del crecimiento laboral, muchos renuncian o hasta reniegan de sus talentos originarios y habilidades no convencionales. Luego, no entendemos por qué se sienten sin energía, pasión o recursos. Sus jefes buscan incentivarlos con estímulos, premios y castigos, cursos de motivación, sin resultados positivos.

La madurez solo es posible cuando volvemos a integrar esas facetas descartadas, reabriendo los canales clausurados, recuperando lo que se pierde en la formación especializada, los talentos ocultos o acallados, las raíces familiares y culturales de cada uno.

En Red, nuestros soportes son múltiples y variados. Y cuanta más Red tenemos, más seguros y confiados nos movemos. Y el sentimiento de continuidad, de seguir siendo quienes somos, nos permite relajarnos y cambiar.

Libro: "Pensamiento en Red"

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