lunes, 29 de diciembre de 2014

martes, 23 de diciembre de 2014

LA CALIFICACIÓN PREMATURA

La crítica es solo una función del pensamiento y debiera activarse luego de haber desarrollado una idea o un proyecto, para poner a prueba su viabilidad. Si aparece al comienzo condiciona las conexiones de la Red.
En este caso, produce el efecto de impedir la libre conectividad, porque suelda las ideas a un elemento crítico, como si cada idea viniese acompañada de su detractor.
En los Seminarios, al detectar al “tirano” interno que los paraliza, muchos participantes suelen representarlo con una imagen ingeniosa o satírica. Me ha tocado escuchar nombres como “el pájaro negro que se me instala sobre el hombro para censurarme”, “el pisabrote”, “la bruja que me come las ideas”.
Una inquietud que surge con frecuencia en los grupos es por qué algunos sienten que trabajan mejor bajo una presión externa, y preguntan si esto no se contradice con la idea de sentirse libres y funcionar en atención flotante. La respuesta es que cuando postergamos una actividad o nos encontramos paralizados, es porque nos hallamos bajo el dominio de nuestro tirano interno, que nos descalifica e intimida. Al aparecer el jefe o el calendario que nos recuerdan la dead line o la importancia de lo que debemos realizar, estos operan dándonos el permiso de movernos y concretar. Simplemente, se trata de que el tirano externo tiene más poder que nuestro tirano interno y consigue hacerle frente.
Pero lo más dramático es cuando se instala una dupla que reconocemos como nefasta: la hipercrítica y la negación.
Cuando la función crítica está hiperactiva, nos condiciona a concentrarnos en un aspecto parcial de una idea. Esta visión lineal impide, a la vez, percibir otros aspectos negativos o peligrosos que podría tener ese mismo proyecto, no registra los problemas, defectos o fallas, y nos dirige derecho al precipicio. Mientras que la crítica no nos deja avanzar, la negación de la realidad nos manda al frente sin aviso.
En el nivel de una organización, significa que vemos los riesgos solo adelante, o en lo externo a la estructura. Nos falta el registro de la trama subterránea, que es de donde surge todo lo nuevo, pero también donde anidan los peligros de lo que nos negamos a ver.