jueves, 30 de octubre de 2014

UN ENCUENTRO DE ARTISTAS



Así como el cerebro utiliza un escaso porcentaje de su capacidad, las personas suelen recortar aspectos parciales de su Ser para trabajar en equipo. Dejan su equipo interno afuera o suprimen aquellas partes más complejas de integrar: el humor, el juego, las dotes artísticas, el cuerpo, lo característico del estilo masculino y femenino.

De este modo, la organización se encuentra con personas parciales y se pierde un potencial humano diverso y valioso, que podrían aportar sus talentos y aptitudes, como también sus propias redes tanto formales como informales.

Hoy necesitamos desarrollar y desplegar la originalidad individual, de modo de llegar, no a un equipo de técnicos, sino a un encuentro de artistas, potenciando y multiplicando la innovación a partir de la complejidad de cada uno en un interjuego activo con las otras individualidades.

Así, la organización empieza a crecer exponencialmente, porque incita al encuentro de muchas subjetividades, cada una con su perfil único e irreemplazable.

Por el contrario, si cada uno siente que es solo una parte de un todo homogéneo, se pierden la motivación profunda y el compromiso.
Tratar a las personas como simples herramientas es perder su talento y creatividad, cuando no perderlas a secas.


miércoles, 22 de octubre de 2014

MOTIVAR E INSPIRAR, EN VEZ DE ENLOQUECER

El enloquecimiento crónico crea un estado de debilitamiento e impotencia. Las personas y los equipos de trabajo sometidos a estas técnicas de manipulación quedan agotados por la tensión.
Este estado de cosas consume la energía creativa y productiva, que se emplea en los intentos de contrarrestar la función enloquecedora. Se pierden la capacidad de evaluar adecuadamente los propios recursos y la convicción acerca del propio criterio.
Estas condiciones de trabajo multiplican las posibilidades de cometer errores, con el riesgo para las personas y la organización. A su vez, los errores realimentan la autoridad del enloquecedor.
El profeta ahora afirma: “Yo ya sabía que esto iba a suceder”; “Esto es consecuencia de la ineptitud y la falta de criterio”.
El enloquecedor aparenta gran actividad y preocupación por motivar, pero en realidad destruye la Red. Por eso es esencial diferenciar la actitud realmente motivadora e inspiradora, del acoso enloquecedor, que aniquila el pensamiento y la cooperación creativa.

jueves, 9 de octubre de 2014

LAS PROHIBICIONES O LA ESCLEROSIS DE LA RED



En los nudos se instala tanto lo que nos parece idealmente inalcanzable como lo que consideramos censurable. Los anudamientos en la Red tienen su origen en diferentes asociaciones de ideas, facilitadas por interdicciones familiares o culturales. Entre las más habituales, podemos ubicar la de la edad. ¿Cuántas veces hemos escuchado: “Todavía es muy joven” o “Esto ya no es para mí”?

También existen prohibiciones de orden social: “Alguien como yo no puede darse estos lujos”. O “Esto es cosa de hombres”, o “Una mujer no debe…”.

Estos anudamientos suelen reactivarse ante desafíos concretos. Por ejemplo, ante la propuesta de realizar una nueva actividad creativa, se suelen argumentar limitaciones de dinero, obligaciones familiares y laborales, y siempre falta de tiempo.

¿Por qué hablamos de esclerosis de la Red? “Esclerosis” quiere decir
“endurecimiento”, “pérdida de la flexibilidad”. Estamos acostumbrados a oír este término en la enfermedad del sistema circulatorio llamada arteriosclerosis, que quiere decir, justamente, “endurecimiento de las arterias”.

Lo curioso es que este mecanismo fisiológico tiene un notable parecido con la enfermedad de la Red. Imaginen, por una parte, a las arterias como una gran Red que hace circular la sangre por todo el cuerpo y, por otra parte, el tan nombrado colesterol, que es una sustancia que se deposita en la pared interna de las arterias en forma de pequeños cristales, como la sal o la arena, y que tiene la característica de los cristales: poseer filosas aristas. A su vez, la sangre contiene gran cantidad de glóbulos rojos que transportan el oxígeno a todo el organismo y son como pequeños globitos con una fina membrana.

Cuando la sangre pasa por encima de las placas de colesterol, los glóbulos rojos se lastiman con los filosos cristales y su fina piel, ya vacía, se irá depositando sobre las placas, colaborando en engrosar y rigidizar las arterias, estrechando su luz.

Algo muy semejante sucede con los nudos en la Red. Estos irán atrapando y sedimentando sobre ellos las nuevas experiencias, en vez de facilitar la circulación de las ideas. Esto produce una rigidez de la Red, que comienza a estrechar su trama.

A la larga, estaremos cada vez más convencidos de lo que ya suponíamos, y esa convicción vuelve a atraer hacia sí todas las experiencias afines. Y si no lo son, la mente esclerosada decidirá de todos modos: es siempre lo mismo, o nunca podrá ser diferente. Y el oxígeno, que en este caso está representado por la energía creativa y renovadora, ya no llega a difundirse por la Red.