viernes, 22 de agosto de 2014

MÁS ARTISTA Y MENOS TÉCNICO




Hasta hace pocos años, las actividades organizacionales necesitaban de profesionales y técnicos especializados y comprometidos en exclusividad con su tarea. Los artistas, en cambio, eran gente marginal que se movía en un mundo diferente, con códigos más libres e informales.
La sociedad en Red ha congregado a artistas, filósofos, científicos y empresarios, que comparten espacios sociales y laborales, pero muy especialmente espacios de conocimiento.



Los líderes de hoy necesitan desarrollar su parte artística, no solo como vía de expresión de su propia creatividad, sino para emerger como modelos incitantes para su gente. Cada vez más se piensa el liderazgo como expresión de la subjetividad extendida a lo laboral. Ser cada vez más y mejor uno mismo y descubrir la dimensión artística de toda tarea, ser inspirado e inspirador, transmitir la vivencia de sentido y de compromiso con lo que para un artista es su obra, y para un líder de empresa, su proyecto.



Hoy el liderazgo requiere talentos múltiples. También actualización permanente en investigación y entrenamiento mental. Su arte será combinar los diferentes conocimientos de un modo original, ya que solo desde allí podrá innovar, y quizá también trascender.



En Las fronteras del management, Peter Drucker relata cómo construyó su primer modelo teórico, hace más de 50 años. Y cuenta que muchos de sus saberes venían de la ingeniería, la contabilidad y la psicología, que hasta entonces eran considerados campos separados. Al ensamblar herramientas de diferentes áreas, creó una nueva disciplina: el management.



Pero además, un líder en Red deberá conocer la cultura del país en el que trabaja y la idiosincrasia de su gente, actitud que suelen descuidar los líderes locales, pero que es particularmente tenida en cuenta por los ejecutivos enviados a un destino diferente de su país de origen.

jueves, 7 de agosto de 2014

Ahora mismo trabajando en el proyecto "enredes" con los Consejos Barriales, en Salta Capital!


Estamos la ciudad de Salta lanzando el proyecto "Enredes" junto a la secretaría de participación ciudadana del Ministerio de Gobierno de la Provincia. Este programa servirá para fortalecer la red humana y social ya constituida en los más de 400 Consejos Barriales.
El equipo de pensamiento en Red que participa de esta proyecto esta conformado por Sonia Abadi, Carolina Añino, Sofia Wullich, Carla Dell'Acqua y Alejo Sanjurjo.

miércoles, 6 de agosto de 2014

LOS PREJUICIOS Y LOS MANDATOS

Los preconceptos acerca de uno mismo o de los demás empobrecen la actividad de la Red, ya que condicionan al pensamiento a recorridos lineales.

Se trata de preceptos que se exteriorizan con expresiones como “Esto no le va a gustar a mi jefe”, o “Mi socio seguramente no estará de acuerdo con mi decisión”, aun cuando en ambos casos los supuestos interlocutores ni se enteraron de las ideas en juego.

También tenemos prejuicios acerca de determinadas personas o grupos humanos. O hacia ciertas debilidades o defectos de los demás. Muchas veces se nos dice, con razón, que eso que tanto nos irrita en el otro está reflejando una dificultad nuestra.

Sin embargo, cuando tratamos de comprobar esa teoría desde el modo lineal, la evidencia se nos escapa. Si nos perturba que alguien lúcido e inteligente se haga adicto al alcohol, por ejemplo, decimos: “No puedo entender que esa persona necesite aferrarse a una botella para vivir, y así sabotear su carrera”. ¿Cómo podría tratarse de un problema nuestro, si jamás tomamos alcohol? Lo que nos cuesta entender es que estamos tan aferrados a una idea lineal como el alcohólico a su botella, y que también nos hacemos adictos a nuestro prejuicio, que nos limita y limita nuestra comprensión del mundo.

Otras veces, el parecido es tan obvio que todos lo ven, salvo el protagonista: “No soporto a la gente intolerante”.

El prejuicio es una idea o sistema de ideas que nos sirven para defendernos y sentirnos seguros. Tenemos miedo de encontrarnos con lo diferente. Y la dependencia respecto de esa idea es también como una droga que intoxica nuestras redes.

Los mandatos son elecciones de vida que se transforman en posiciones rígidas: “Si soy ingeniero, no me puedo dedicar a la música”. Están relacionados con un conflicto entre la necesidad del ser y el deber ser, en un espacio en el que no queda lugar para las propias potencialidades.

Ya lo decía el escritor italiano Curzio Malaparte en su fatalmente fascinante libro La piel: “Una dictadura es un régimen de vida en el que todo lo que no está prohibido es obligatorio”.