viernes, 17 de mayo de 2013

Las redes y el estrés: ¿conectados o enchufados?



Las estructuras verticales, el pensamiento lineal orientado exclusivamente a objetivos, la adrenalina como único combustible de la acción, son fuente de malestar, irritabilidad y estrés.
La conectividad entre ideas, personas y recursos colapsa, las personas se enferman y se dañan las redes de colaboración de los equipos y las organizaciones.
Este estado de estrés crónico genera un déficit en la calidad de las ideas y un estrechamiento gradual de la visión, destruyendo las condiciones para pensar y crear. En esos estados el cuerpo y la mente están al límite. Las emociones también lo están, por eso aparecen reacciones de irritabilidad y agresión ante hechos sin importancia.
A veces nos dicen que sentir la adrenalina es energía y motivación. En realidad, la adrenalina es la hormona del miedo, una droga interna de emergencia que no debe ser activada en forma permanente, ya que lleva al estrés crónico. Entre otras consecuencias, su activación por largos períodos produce trastornos digestivos y el llamado síndrome metabólico, con hipertensión arterial, aumento del colesterol, acumulación de grasa en el abdomen y disminución de la potencia sexual. También deterioro del cerebro y trastornos del sueño.
Ante el estrés las personas competitivas y controladoras aumentan el riesgo de infartos y accidentes cerebrales. Por su parte las personas pasivas, introvertidas, se “tragan el veneno” y son propensos a las alergias, las enfermedades respiratorias y el cáncer. Sólo los individuos relajados y atentos tanto al bienestar personal como a las relaciones interpersonales, y a la expresión abierta de sus emociones están menos expuestos a los efectos del estrés.
En el nivel cerebral, el exceso de adrenalina destruye las conexiones entre las neuronas, reduciendo la conectividad entre las ideas.

Hoy estudios recientes demuestran que en situaciones de estrés se pierde la perspectiva, se toman decisiones por desesperación, se niegan datos perturbadores. Además, al desacelerar, la falta de adrenalina genera sentimientos de vacío y sinsentido. Y para mantener el rendimiento, se comienzan a usar otro tipo de estimulantes: comer y beber en exceso, consumir tabaco, psicofármacos, y en algunos casos drogas. Pero, cada vez que usamos estimulantes internos o externos en vez de tejer la red de ideas y los vínculos entre personas, esta va colapsando,  y cada vez hacen falta más estímulos para funcionar. Adrenalina o estimulantes externos, el resultado es que el individuo terminará demasiado tenso o acelerado. Porque ante cada vivencia de amenaza la adrenalina que entra en circulación tardará varias horas en metabolizarse y eliminarse, aún si se trata de una falsa alarma o de una amenaza imaginaria. Esto lleva a la ansiedad y el agotamiento. Pero también las organizaciones pueden hacerse adictas a la adrenalina, y sólo ser capaces de reaccionar ante la emergencia. En condiciones de tranquilidad se encuentran desganados y sin entusiasmo.

Finalmente los miembros de cada equipo comienzan a generar emergencias artificiales, para sentir la excitación que les produce la adrenalina. Ya no saben trabajar en paz. Generan crisis y conflictos, y viven en estado de tensión permanente. En ese clima, la creatividad es aniquilada, la red humana se fragmenta. La calidad de su trabajo se resiente, pero también su vida familiar y social, y su salud física y mental. Ya no tienen resto para capacitarse profesionalmente y menos aún para el desarrollo personal. En cambio el ejercicio de la creatividad y la colaboración en un clima de trabajo basado en la confianza genera bienestar, la respuesta de los otros incrementa la propia energía y se termina el día menos cansado y hasta con entusiasmo extra para desarrollar otras actividades.
Cambiar los modelos quiere decir empezar a reconocer como valores el tiempo libre, los horarios más flexibles, la posibilidad de desarrollar actividades más lúdicas, de establecer contactos humanos más ricos y profundos, de dedicar tiempo a la imaginación.